
El enfoque de educación inclusiva busca transformar los sistemas educativos y los entornos de aprendizaje para dar respuesta a la diversidad de los educandos. Una educación de calidad es entonces una educación inclusiva, puesto que tiene como finalidad la plena participación de todos los educandos.
Los sistemas educativos deben ser inclusivos, buscando activamente a los niños y niñas que no estén matriculados y atendiendo con flexibilidad a la situación y necesidades de todos los educandos. El desafío principal consiste en asegurar que el concepto de inclusión educativa se refleje en las políticas de cada país y de los organismos de financiación.
La Educación para Todos debe tener en cuenta las necesidades de los pobres y más desfavorecidos, comprendidos los niños y niñas que trabajan; los habitantes de zonas remotas; los nómadas; las minorías étnicas y lingüísticas; los niños, niñas, jóvenes y adultos afectados por conflictos y desastres naturales, el VIH y SIDA, el hambre o la mala salud; y los que tienen necesidades especiales de aprendizaje.
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